viernes, 21 de febrero de 2014

Cuentas claras conservan amistades.

Hoy me sentí con ganas de escribir algo, pese a mis obligaciones estudiantiles -no hablo de salir a guarimbear- me gustaría tomarme el tiempo de hacerlo y por qué no, de hacerlo de nuevo tratando la situación actual de mi país, que cada vez es menos situación y más conflicto. Hoy nos encontramos con una Venezuela dividida por las dos corrientes políticas y de pensamiento que en ella habitan, ahora el lector dirá: eso está claro, dime algo que no sepa. No le puedo decir nada que no sepa, usted como venezolano debería estar enterado de todo lo que pasa en nuestro país, de los muertos que ha habido, de los heridos e incluso de los falsos llamados de paz por parte del gobierno, pero en fin, el objetivo de este escrito no es sembrar más odio en los corazones de opositores o de oficialistas, que al fin y al cabo son -o somos- todos venezolanos.

El objetivo principal por el cual escribo estas líneas es para poner en claro a los dos bandos: amigo, hermano oficialista, ¿te gusta tener que hacer una cola kilométrica para comprar sólo unos pocos paquetes de harina pan -cuando hay- o algunos rollos de papel higiénico? Estoy seguro que no, también estoy seguro que si te preguntamos por culpables seguramente dirás que es el supermercado o es la oposición que acapara todos los bienes para sabotear al gobierno. No! No sigamos creyéndonos esas mentiras, no sigamos pensando que la culpa de cada uno de los males que tiene el país es del otro lado, del enemigo. Sin darnos cuenta que a ese que hoy llamamos escuálido -sin saber si quiera qué significa esta palabra- ayer lo llamabamos hermano, amigo e incluso y por qué no, novio o novia. 

Amigo opositor, ¿no te gusta el gobierno y le echas toda la culpa de los problemas del país? No seas injusto, sino te gusta el gobierno por qué no saliste a votar cuando tuviste el chance de cambiarlo. Tampoco deberías gritar y predicar que en las últimas elecciones sí saliste pero hubo trampa y por tanto, no pudiste cambiar al gobierno ese que tanto criticas, pues esto último sería no saber aceptar tu derrota con dignidad. Tú tampoco deberías llamar al del bando contrario o el bando que no piensa igual a ti, enemigo, puesto que no me es posible entender cómo alguien que viene de la misma tierra que vienes tú, alguien con quien compartes tus costumbres y tus aficiones pueda ser tu enemigo. 

Es hora de tomar consciencia, los dirigentes políticos que vayan a hacer su política absurda pero que al pueblo lo dejen en paz, los únicos responsables de esta división son ellos, los únicos culpables de que estemos pasando por este momento son ellos y sus estrategias para dominar a un país, que por naturaleza es indomable, es hora de dejar de ver al que no piensa como tú como el enemigo y aceptarlo como un hermano -diferente a ti- pero al fin y al cabo un hermano, es hora de cesar esas divisiones ocasionadas por un sesgo político, puesto que cada uno de ellos tienen su barriga llena y su corazón contento con sus comisiones y sus gobiernos de corrupción, mientras tú sales a marchar para tratar de tumbar a un gobierno, los representantes políticos de oposición están en sus casotas viéndote en el twitter -porque ya ni medios tenemos- y mientras tú -amigo chavista- sales a defender a este gobierno llevando sol y predicando todas y cada una de sus mentiras, se encuentran tus dirigentes de oficialismo en sus casas grandes también, pensando a quién se le echará la culpa del siguiente problema que aparezca, e incluso mientras tú amigo chavista -en el caso más extremo- sales a disolver de manera violenta una manifestación completamente legítima y pacífica de gente que piensa distinto a ti, siguen estos líderes oficialistas en sus casas llenas de whiskey y de autos caros pensando en qué orden darte al día siguiente para que siembres de nuevo el caos en el nombre de la paz que predican pero no ejecutan.

En conclusión, no es cuestión sólo de un cambio de gobierno, es cuestión de dejar de ver al del frente como tu enemigo, de dejar el odio a un lado y poder tener un reencuentro entre venezolanos divididos a lo largo de una década. Es cuestión de trabajar entre todos como hermanos de una misma madre llamada Venezuela para lograr el país que queremos y que soñamos, alejado de violencia y de esa oscuridad cegadora -por muy contradictorio que suene- llamada política.

martes, 4 de febrero de 2014

¿Supermercado o Jungla?

En este momento me encuentro en un automercado, de hecho, ya no considero que sea correcto llamarlo así, creo que es una jungla que saca nuestros instintos de supervivencia, en la cola de la caja donde estoy hay aproximadamente 10 carros delante del mío, todos con menos de 10 artículos, pues claro,  hay papel toilette y todos quieren llevar aunque sólo sean dos por persona y no sean necesarios en su hogar en este momento, con esto no niego que para algunas personas que están en la cola sí lo sean.

El venezolano se ha convertido en un ser paciente -en exceso diría yo- o mejor dicho: al venezolano actual se le va la vida esperando, cuando no es en un supermercado, es en el pesado tráfico de la ciudad y sino en cualquier otro momento de su día a día. No pienso hablar de política, sólo quiero expresar mi malestar con esta situación: ¿Dónde quedó la calidad de vida que nos merecemos? o ¿Será que acaso no nos merecemos tener calidad de vida? Día a día, hora a hora, minuto a minuto, se esfuma -cada vez más rápido- la calidad de vida de todos los venezolanos y con ésta la humanidad de cada uno, despertando en nosotros un instinto primitivo para sobrevivir, sin importarnos y haciéndonos indiferentes ante cualquier situación que no nos afecte directamente, podemos considerar que es una indiferencia cegadora que no nos deja ver que si algún problema afecta nuestro entorno, nos afectará a todos por igual por ser de la misma tierra. 

En la jungla donde me encuentro, un señor le dice a otro: la gente se está llevando aceite, ¿Dónde estará? Estoy seguro que ese señor tiene aceite de sobra en su casa, sin embargo, quiere llevar más porque nos han acostumbrado a que -como algunos animales- almacenemos y almacenemos, aún sin necesitar, porque cuando necesitemos no sabremos si vamos a encontrarlo. Me tomaré una pausa para pagar, ya que por fin llegué al principio de la cola. Antes de pagar me doy cuenta que atrás de mí hay un matrimonio discutiendo porque el hombre estaba haciendo la cola, pues ésta estaba larga, y la mujer fue a buscar todos los productos que necesitaban, la causa de la discusión era por la tardanza de la mujer, hasta en el matrimonio, noviazgo y/o concubinato, la jungla disfrazada de supermercado nos ocasiona problemas. No llevé ni la mitad de un mercado, sin embargo, la factura fue superior a una cuarta parte del sueldo mínimo de mi país. 


De camino a mi hogar vi a 2 motorizados -sí, de esos que protestaron el pasado viernes- sin casco, encontré tráfico y me pasaron dos camionetas Toyota por el hombrillo rápida y velozmente infligiendo todas las leyes de tránsito actuales. Todo esto: la cola en la jungla, la escasez y el acaparamiento del señor que después vi llevándose  aproximadamente cinco kilos de Ace y el tráfico, hacen que poco a poco los venezolanos lleguemos a nuestros instintos más animales, incluso hace que lleguemos a sobrevivir en vez de a vivir y lo que no terminamos de entender es que no se trata de buscar culpas, se trata de buscar soluciones que nos beneficien a todos, no se trata de un cambio de gobierno, se trata de un cambio general, un cambio que debemos hacer cada uno de nosotros y que, por nuestro bien, debe ser más temprano que tarde o sino como dijo ya en una editorial del diario "Tal Cual" el politólogo Laureano Márquez: "A apretar ese cupo". 

Autor: Daniel González