En este
momento me encuentro en un automercado, de hecho, ya no considero que sea
correcto llamarlo así, creo que es una jungla que saca nuestros instintos de
supervivencia, en la cola de la caja donde estoy hay aproximadamente 10 carros
delante del mío, todos con menos de 10 artículos, pues claro, hay papel toilette
y todos quieren llevar aunque sólo sean dos por persona y no sean necesarios en su hogar en este momento, con esto no niego que para algunas personas que están en la cola sí lo sean.
El
venezolano se ha convertido en un ser paciente -en exceso diría yo- o mejor
dicho: al venezolano actual se le va la vida esperando, cuando no es en un
supermercado, es en el pesado tráfico de la ciudad y sino en cualquier otro
momento de su día a día. No pienso hablar de política, sólo quiero expresar mi
malestar con esta situación: ¿Dónde quedó la calidad de vida que nos merecemos?
o ¿Será que acaso no nos merecemos tener calidad de vida? Día a día, hora a
hora, minuto a minuto, se esfuma -cada vez más rápido- la calidad de vida de
todos los venezolanos y con ésta la humanidad de cada uno, despertando en
nosotros un instinto primitivo para sobrevivir, sin importarnos y haciéndonos indiferentes ante cualquier situación que no nos afecte directamente, podemos
considerar que es una indiferencia cegadora que no nos deja ver que si algún
problema afecta nuestro entorno, nos afectará a todos por igual por ser de la
misma tierra.
En la
jungla donde me encuentro, un señor le dice a otro: la gente se está llevando
aceite, ¿Dónde estará? Estoy seguro que ese señor tiene aceite de sobra en su
casa, sin embargo, quiere llevar más porque nos han acostumbrado a que -como
algunos animales- almacenemos y almacenemos, aún sin necesitar, porque cuando
necesitemos no sabremos si vamos a encontrarlo. Me tomaré una pausa para pagar,
ya que por fin llegué al principio de la cola. Antes de pagar me doy cuenta que
atrás de mí hay un matrimonio discutiendo porque el hombre estaba haciendo la
cola, pues ésta estaba larga, y la mujer fue a buscar todos los productos que
necesitaban, la causa de la discusión era por la tardanza de la mujer, hasta en
el matrimonio, noviazgo y/o concubinato, la jungla disfrazada de supermercado
nos ocasiona problemas. No llevé ni la mitad de un mercado, sin embargo, la
factura fue superior a una cuarta parte del sueldo mínimo de mi país.
De camino
a mi hogar vi a 2 motorizados -sí, de esos que protestaron el pasado viernes-
sin casco, encontré tráfico y me pasaron dos camionetas Toyota por el hombrillo
rápida y velozmente infligiendo todas las leyes de tránsito actuales. Todo esto: la cola en la jungla, la escasez y el
acaparamiento del señor que después vi llevándose aproximadamente cinco kilos de Ace y el
tráfico, hacen que poco a poco los venezolanos lleguemos a nuestros instintos
más animales, incluso hace que lleguemos a sobrevivir en vez de a vivir y lo
que no terminamos de entender es que no se trata de buscar culpas, se trata de
buscar soluciones que nos beneficien a todos, no se trata de un cambio de
gobierno, se trata de un cambio general, un cambio que debemos hacer cada uno
de nosotros y que, por nuestro bien, debe ser más temprano que tarde o sino
como dijo ya en una editorial del diario "Tal Cual" el politólogo
Laureano Márquez: "A apretar ese cupo".
Autor: Daniel González
Autor: Daniel González
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