martes, 4 de febrero de 2014

¿Supermercado o Jungla?

En este momento me encuentro en un automercado, de hecho, ya no considero que sea correcto llamarlo así, creo que es una jungla que saca nuestros instintos de supervivencia, en la cola de la caja donde estoy hay aproximadamente 10 carros delante del mío, todos con menos de 10 artículos, pues claro,  hay papel toilette y todos quieren llevar aunque sólo sean dos por persona y no sean necesarios en su hogar en este momento, con esto no niego que para algunas personas que están en la cola sí lo sean.

El venezolano se ha convertido en un ser paciente -en exceso diría yo- o mejor dicho: al venezolano actual se le va la vida esperando, cuando no es en un supermercado, es en el pesado tráfico de la ciudad y sino en cualquier otro momento de su día a día. No pienso hablar de política, sólo quiero expresar mi malestar con esta situación: ¿Dónde quedó la calidad de vida que nos merecemos? o ¿Será que acaso no nos merecemos tener calidad de vida? Día a día, hora a hora, minuto a minuto, se esfuma -cada vez más rápido- la calidad de vida de todos los venezolanos y con ésta la humanidad de cada uno, despertando en nosotros un instinto primitivo para sobrevivir, sin importarnos y haciéndonos indiferentes ante cualquier situación que no nos afecte directamente, podemos considerar que es una indiferencia cegadora que no nos deja ver que si algún problema afecta nuestro entorno, nos afectará a todos por igual por ser de la misma tierra. 

En la jungla donde me encuentro, un señor le dice a otro: la gente se está llevando aceite, ¿Dónde estará? Estoy seguro que ese señor tiene aceite de sobra en su casa, sin embargo, quiere llevar más porque nos han acostumbrado a que -como algunos animales- almacenemos y almacenemos, aún sin necesitar, porque cuando necesitemos no sabremos si vamos a encontrarlo. Me tomaré una pausa para pagar, ya que por fin llegué al principio de la cola. Antes de pagar me doy cuenta que atrás de mí hay un matrimonio discutiendo porque el hombre estaba haciendo la cola, pues ésta estaba larga, y la mujer fue a buscar todos los productos que necesitaban, la causa de la discusión era por la tardanza de la mujer, hasta en el matrimonio, noviazgo y/o concubinato, la jungla disfrazada de supermercado nos ocasiona problemas. No llevé ni la mitad de un mercado, sin embargo, la factura fue superior a una cuarta parte del sueldo mínimo de mi país. 


De camino a mi hogar vi a 2 motorizados -sí, de esos que protestaron el pasado viernes- sin casco, encontré tráfico y me pasaron dos camionetas Toyota por el hombrillo rápida y velozmente infligiendo todas las leyes de tránsito actuales. Todo esto: la cola en la jungla, la escasez y el acaparamiento del señor que después vi llevándose  aproximadamente cinco kilos de Ace y el tráfico, hacen que poco a poco los venezolanos lleguemos a nuestros instintos más animales, incluso hace que lleguemos a sobrevivir en vez de a vivir y lo que no terminamos de entender es que no se trata de buscar culpas, se trata de buscar soluciones que nos beneficien a todos, no se trata de un cambio de gobierno, se trata de un cambio general, un cambio que debemos hacer cada uno de nosotros y que, por nuestro bien, debe ser más temprano que tarde o sino como dijo ya en una editorial del diario "Tal Cual" el politólogo Laureano Márquez: "A apretar ese cupo". 

Autor: Daniel González

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