El día de hoy, cuando me dirigía a mi hogar, pasé por debajo del puente de la Universidad Metropolitana, que está ubicado en el Distribuidor Metropolitano, como es costumbre cada vez que me dirijo de la universidad a mi hogar. Los rumores por Twitter de que en el lugar había un enfrentamiento entre la PNB y los estudiantes eran cada vez más fuertes. Al momento de pasar por debajo del puente pude observar claramente dos Venezuelas, enfrentadas claro está. Sin embargo, analicé la situación un poco más allá, tras observar el grupo de estudiantes encapuchados y los efectivos de la Policía Nacional Bolivariana, cada uno en su extremo pero atacando al otro, me di cuenta de que esos enfrentamientos no son como todos pensamos.
Quizás las disputas del mes de febrero en la Plaza Francia de Altamira o las del mes de abril en Chacao eran más aguerridos, con más adrenalina, o al menos yo los imaginaba de esa manera. No quiero decir con esto que los enfrentamientos sean necesarios, pues he dejado claro en otros escritos que no llevan a ninguna solución en común, más bien agravan los problemas. No obstante, al observar el de hoy, parecía que esas dos Venezuelas que se enfrentaban encima de ese puente se divertían haciéndolo. Situación que me obligó a preguntarme: ¿Será que nos hemos vuelto tan sádicos que nos divierte enfrentarnos entre nosotros? Pues eso fue lo que vi arriba de ese puente: dos Venezuelas enfrentándose, pero más que eso, divirtiéndose haciéndolo y me preocupó haber visto eso porque me llevó a pensar que ahora en vez de importarnos reconciliarnos y ser un solo país, parece que nos importa más herir al otro por ser parte de la PNB o GNB y divertirnos al hacerlo.
No niego que -como muchos- siento un repudio constante cada vez que veo un funcionario de la PNB o de la GNB, pues soy estudiante y nos han hecho -en colectivo- mucho daño a todos. Sin embargo, no creo que sea correcto alegrarse porque podemos devolverle el daño en esos enfrentamientos absurdos y además, divertirnos haciéndolo. No llegaremos a ninguna solución haciéndonos daño entre nosotros, aunque tengamos la razón y la convicción debemos aceptar de alguna manera que el que te dispara la bomba vestido de uniforme también tiene también una convicción; y no hablo de una ideológica o política -quizá algunos la tengan- hablo de que están convencidos de que tienen que comer, y si para comer tienen que ir y disparar una bomba lacrimógena a un grupo de estudiantes encapuchados, lo harán, más allá de las banderas políticas o de convicciones ideológicas que puedan tener -considerando que algunos las tienen-. Tampoco justifico que hieran a los estudiantes porque "hay que comer", simplemente pienso que no es necesario encapucharse y disponerse a lanzar una pierda y tampoco es necesario responder a esa piedra con una bomba lacrimógena, pues esa actitud no nos va a llevar a ninguna solución. En conclusión, me niego a creer que hayamos llegado al extremo de divertirnos haciéndonos daño entre nosotros. No obstante, eso fue lo que vi hoy y es algo que no quisiera aceptar nunca.
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