Debo empezar esto aclarando que no hablaré de noticias y esta vez -por increíble que parezca- no hablaré de los problemas del país -al menos no de manera directa-. De hecho, será mi entrada más corta, pues más que una entrada la veo como un desahogo o mejor dicho, como una petición de una vía de escape. Nos levantamos todas las mañanas, algunos toman café, otros no, pues no hay leche para acompañarlo y comprarlo en la calle ya es muy caro, la mayoría salimos de nuestras casas con las ansias características de todos los venezolanos, salimos para comernos el mundo y para tener el mejor día de nuestras vidas.
Algunos salen en transporte público escuchando música en cualquier dispositivo dispuesto para ello, otros tienen su vehículo propio y otros -como yo- los llevan a su destino. La mayoría salimos a estudiar o trabajar -no olviden las ansias de comernos el mundo-. Encendemos el radio o abrimos cualquier periódico, empezamos a escuchar cualquier programa de noticias -en caso de la radio- y desde ahí nuestras ansias de comernos el mundo empiezan a disminuir y a verse limitadas. Las noticias que encontramos en los periódicos o en los programas de radio son cada vez peores, apagamos la radio o cerramos el periódico, pues no queremos seguir en lo mismo, los que no manejamos abrimos nuestro Twitter o Facebook para tener una vía de escape a toda la oscura realidad que atraviesa nuestro país. Pero, sobre todo, lo abrimos para que esas ansias de comernos en mundo no se vean completamente encerradas en las sombras que producen las noticias -que excepto una que otra de deporte- todas son malas.
El resultado de abrir el Twitter es el mismo de la radio o el periódico: malas noticias. Decidimos entretener nuestra mente en nuestra universidad o en nuestro lugar de trabajo y además, no dejar de lado las ansias de comernos el mundo. Al momento de nuestra llegada o en el transcurso de nuestra estancia, mismo resultado: malas noticias, situación país amenazante. Si eres universitario estás ligado a las malas noticias, pues formas partes de un movimiento que empezó a tratar de combatirlas y si eres un empleado de cualquier empresa, la situación país te amenaza constantemente.
En conclusión, según la rutina de la mayoría de nosotros, no hay una manera de escaparnos de las malas noticias, pues nos acosan y se hacen tan fuertes que no nos dejan respirar -en algunas ocasiones exremas, sobre todo cuando somos esa mala noticia-. ¿La solución? No la tengo, si la tuviera no estaría escribiendo esto. Pero creo firmemente en que a pesar de que todos queremos escapar de las malas noticias, nunca podremos escapar de nuestra realidad porque lo que debemos hacer con ella es asumirla y afrontarla de la mejor manera posible. Pido una vía de escape a las malas noticias, pero más que pedirla, la necesito.
La necesitamos...
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